Está sito el Santuario de Nuestra Señora del Camino a una legua de la ciudad de León, azia el Occidente, tan frequentado de devotos y deudores suyos, por los beneficios que cada día hace su Magestad, y milagros que obra, que apenas hai día, que no vengan, aun de distantes Países, a que dar gracias por los que confiessan haver recibido de su beneficencia, y a rogarla los continúe en bien espiritual de sus almas, y temporal de sus cuerpos. Qué antigüedad tenga esta Santa Imagen, quien, en dónde y en que tiempo se haya fabricado, nada ha llegado a mi noticia; con que es preciso passar en silencio (aunque con dolor)­ estas circunstancias, y só­lo referir lo poco que se sabe, ya en fuerza de algunos instrumentos, ya por tradición de padres a hijos, en que afianzan su verdad muchas de las cosas antiguas.

Cimanes del Tejar debe su nombre a los Romanos y a su Dios Manes, en el museo histórico de San Marcos, nos encontramos con muchas piedras dedicadas al este Dios, y representado en grupos de 5, por lo que la unión de 5 y Manes daría el nombre a Cimanes. De aquella época quedan en Cimanes nombres como Campares , al lado de Rabosa y donde se han encontrado restos de aquellos tiempos. Al empezar el siglo V y el imperio Romano se aproximaba a su final, otros pueblos invasores llegan a nuestra región sucesivamente, suevos , vándalos,, alanos godos , visigodos.

A los principios del referido siglo pastoreaba un rebaño de ovejas por el sitio, y campo vecino, adonde se erigió después Capilla a esta Gran Reyna; un devoto Pastor llamado SIMÓN GÓMEZ FERNÁNDEZ, vecino, y natural del lugar de VELILLA DE LA REYNA; y un día (que dicen fué e1 segunda de ju1io; dedicado a la Visitación de María a su Prima)­ en que además del cuida­do de su rebaño cuidaba también de apacentar su alma con devotas consideraciones, se le apareció en medio de aquel dilatado campo la Imagen de Nuestra Señora; o la misma Reyna del Cielo, que traía consigo aquella su devota Imagen. Pasmóse el dichoso Pastor al ver delante de si a tan gran Reyna, rodeada de singular luz, y claros resplandores, y más quando oyó que la misma Señora le hablaba, diciéndole ''Ve a la Ciudad, y avisa al Obispo, venga a este sitio, y coloque en lugar decente esta mi imagen, la qual ha querido mi Hijo aparezca en este lugar, para gran bien de toda esta tierra" ­No podía el buen Pastor articular voces, poseído del espanto, y llevado de la admiración; hasta que volviendo algo en sí, respondió a la Virgen Santísima, y la dixo "Señora, ¿cómo me creerán, si no les llevo alguna señal de que vois sois la que me embiais?", A que replicó la Virgen: Dadme esta honda, que tenéis en la mano”; y tomándola en la suya la Soberana Señora, cogiendo una pequeña piedra, la arrojó con la honda, y dixo: Di al Obispo, que venga, y encontrará esa piedra tan grande, que será señal de que yo te embío, y en el mismo sitio en que estuviere, es vo­luntad de mi Hijo, y mía, que se coloque mi lmagen. Con esto desapareció la visión, y quedó en el campo la Santa Imagen; y partiendo el Pastor a León a obedecer lo que se le havia mandado, dio cuenta al Obispo de lo sucedido, y de la señal que havia dado María Santísima, del favor tan singular, que hacia a todo aquel País y sus Pueblos. Con esta noticia, y aviso del cielo, vino el Prelado acompañado otros muchos, assí Eclesiásticos, como Seglares a registrar por si mis­mo el prodigio; vieron todos la devota Imagen, que adoraron con singular devoción y ternura, y passando a ver la piedra por señal del milagro, la hallaron, que havia crecido tanto, que pesaba muchas libras, pregun­taron al Pastor, si aquella era la piedra, que havia María Santissima arrojado con la honda, y afirmando el Pastor, que sí, trataron de levantar luego en aquel mismo sitio una Hermita, en que colocar la milagrosa Imagen. Toda esta Relación consta por la tradición, que conservan los leone­ses, y lo confirma un quadro, que estaba puesto en la Capilla de Nuestra Señora (que dan testimonio de haverlo visto personas que aún vi­ven, quando esto escrivo)­ en que se dexaba ver el Pastor puesto de rodillas delante de la Santa Imagen, y al rededor su rebaño de ovejas, paciendo por el campo cercano. Tan maravilloso sucesso, qué duda hai, que se divulgaría luego por los lugares vecinos, de donde comenzó a concurrir tanta gente, que desde luego se hizo uno de los más devotos Santuarios de León y Castilla. Presúmese, que el Pastor se quedó a servir a la Santa Imagen toda su vida; y llegando al término de ella, con una dichosa muerte, le dieron sepultura en la Capilla de su amada Imagen; y mejorando después el Tem­plo en la suntuosa fábrica, que ay goza, descansan los huessos de tan dichoso Pastor en medio de la Capilla Mayor, cuya tumba, aún se conser­vaba en la Iglesia de Nuestra Señora por los años de 1.674 como lo ase­guran personas que la vieron: cuyos descendientes, ó por línea recta, o transversal, son Patronos del Beneficio Curado, y de una Ración de la Iglesia de dicho Lugar de Velilla de la Reyna, de donde, como dixe, fué natural el dichoso Pastor SIMON, y se apellida: LA ABOLENGA DE SIMÓN GÓMEZ FERNÁNDEZ.

Tras la aparición quedó en el lugar una imagen de Santa Catalina, que el pastor traslada en el zurrón a su casa de Secarejo. A la mañana siguiente, cuando el pastor toma su zurrón para ir con su rebaño, observa que la imagen ha desaparecido y, llegando al lugar del extraordinario suceso, la encuentra de nuevo; lo que se repite varios días. En una ocasión el pastor ata la imagen por el brazo al zurrón; a la mañana siguiente tan solo encuentra el brazo atado, el resto de la imagen había vuelto a desaparecer para regresar de nuevo al lugar del suceso. Así manifiesta la Santísima Virgen su voluntad de que la imagen de Santa Catalina sea venerada en aquel sitio.

El pastor por fin se decide a relatar lo sucedido al párroco del lugar, quien a su vez lo traslada al obispado de Astorga, de donde acudió presuroso un representante. Desplazándose todos al lugar del acontecimiento, vieron un gran resplandor que se elevaba desde el suelo, donde se hallaba la imagen de Santa Catalina, hasta el cielo; era la Santísima Virgen que regresaba a su morada. En el lugar del milagroso suceso se construyó una ermita que se dedico a Santa Catalina. En la iglesia de Secarejo se veneran dos imágenes de Santa Catalina, una gótica y otra más moderna. Esta última, junto con la hornacina que contiene la reliquia, se procesiona cada año en romería hasta la ermita.

Además de la romería, en la ermita de Santa Catalina de Secarejo, se celebran una serie de cultos o rogativas para implorar la lluvia, lo que es probable que se originase en algún voto. En ellos el pendón y los vecinos de Secarejo recibían por turno, durante "los martes de aguas" a las procesiones con sus pendones de los vecinos de Villarroquel, Santiago del Molinillo y del propio Secarejo el primer martes después de Pascua. Los vecinos de Azadón y Cimanes del Tejar acuden un martes de mediados de mayo. La rogativa de Llamas de la Ribera tiene lugar en el mes de octubre, el martes siguiente a la festividad de Santa Teresa y la de San Roman de los Caballeros, se realiza también en otoño, el martes siguiente al día del patrón de esta localidad. Desde el lugar donde se halla la ermita se contemplan, además de estos siete pueblos, "las tres ermitas hermanas": la de la Virgen del Villar, en Carrizo; la de San Felipe, en Quintanilla de Sollamas y la de Santa Catalina, en Secarejo.

Según cuenta la leyenda, la Presa Cerrajera se construyó a principios del Siglo XI.

Tras la muerte de Almanzor en el año 1.002 y el desmembramiento del Califato de Córdoba, entre los años 1.030 a 1040, por las continuas luchas entre diferentes familias pudientes, fueron muchas las familias mozárabes que abandonaron los territorios árabes y emigraron al Reino de León, asentándose en esta extensa ribera del río Órbigo; como las familias de Alíatar y Zaida, dos jóvenes moros.

Alíatar pertenecía a la familia de los abencerrajes. Había nacido en Sevilla, a orillas del Guadalquivir, pero su familia se trasladó a vivir a un pueblo de Villaviciosa de la Ribera. Su padre era el “alamín” o gobernador de la zona. Alíatar estaba al frente de una explotación para extraer oro del Órbigo y de las tierras cercanas.

Zaida era una joven nacida a orillas del Darro y criada en Los Carmenes de Granada, pero su familia se había trasladado a vivir a un pueblo que, en honor a su belleza, tomó el nombre de Villazaida. Ella era hija del alamín de esa zona, situada unos 50 Kms. más al sur del pueblo de Alíatar.

Alíatar soñaba con una bella joven. Un día emprendió un largo viaje por las orillas de Órbigo, contemplando los espesos bosques que formaban bellos paisajes. Cabalgando en su corcel, Alíatar llegó a Villazaida. Allí vio por primera vez a Zaida, quedó prendado de su belleza y creyó haber encontrado a la mujer de sus sueños.

Pero Zaida no se decidía a corresponder a este amor, por lo que Alíatar tuvo que viajar varias veces a Villazaida hasta que un día decidió declararse a su amada. El padre de Zaila, no estando aún seguro del noble interés del amor de Alíatar, quiso ponerle a prueba y le impuso una condición casi imposible: “El día que el agua del río Órbigo pase por delante de mi puerta, mi hija corresponderá a tu amor”.

Esta condición era casi imposible de cumplir porque Villazala dista 2 Kms. del Órbigo y está situado más alto que el nivel de sus aguas.

Alíatar volvió a Villaviciosa pensando en cómo llevar a cabo dicho proyecto. Se lo comentó a su padre y éste se puso en contacto con los “agrimensores” o entendidos en la materia.

Pidieron ayuda a los labradores de la zona, pues necesitaban que les cediesen terrenos y les ayudasen con su mano de obra. A cambio podrían regar sus tierras con el agua de la nueva presa. Este fue un tema polémico, ya que algunos pueblos no cedieron sus terrenos, sino que los vendieron. Los pueblos que vendieron sus tierras para el paso del agua tenían que pagar un tributo para poder regar con ella, tributo del que estaban exentos los pueblos que las habían regalado.

Alíatar, al ver que el proyecto marchaba bien, volvió a hablar con el padre de Zaida y le pidió que le considerase hijo suyo en el momento que el agua pasase por allí. Zaida, reacia al amor de Alíatar en un principio, ahora no dormía y los días se le hacían largos sin las visitas de su amado. Se arrepentía de haber consentido que su padre le impusiese una condición tan dura y tenía miedo de perderle si no conseguía aquel milagro.

Todas las mañanas Zaida se asomaba a su ventana con la esperanza de ver el agua pasar y a su amado esperándola. Un día, cuando mayor era su desesperación, al asomarse a su ventana admiró con gran alegría y emoción el agua, pura y cristalina procedente del Órbigo, que corría a los pies de su casa.

Después vio venir a su amado con su familia y un lujoso cortejo. La boda de Alíatar y Zaida se celebró con grandes festejos y los pueblos también celebraron con alegría que por fin podían regar sus campos. La hermosura de una mujer y el amor de un hombre transformaron el Páramo erial en una frondosa Ribera.

Éste, cuentan que fue el origen de la Presa Abencerrajera, que tomó este nombre en honor a la familia de Alíatar, perteneciente a los ilustres Abencerrajes y que actualmente conocemos como Presa Cerrajera. Asimismo, el pueblo donde vivía Zaida, Villazaida, ahora se denomina Villazala.

La Presa Cerrajera nace como afluente del río Órbigo, en Villanueva de Carrizo y, durante los 40 Km de su recorrido pasando Alcoba de la Ribera, Sardonedo, Santa Marina del Rey, Villavante, Acebes del Páramo, Huerga de Frailes, Santa Marinica, Villazala y Valdefuentes del Páramo, aportar verdor y riqueza a las tierras por las que pasa, depositando de nuevo sus aguas a dicho río al sur de Azares del Páramo.

Los molinos que se construyeron en la presa (en el Siglo XVIII se contabilizaron 32), junto con el ganado que pastaba los extensos prados regados por esta y la agricultura, fueron la base de la economía de estos pueblos hasta hace poco.

A tenor de la leyenda, la Griega dijo: Quiera Dios o no quiera, ha de moler el molino de la Griega. Se cuenta en Villarroquel esta leyenda que se sitúa allí acontecida. Curiosamente la letrita de la leyenda no incorpora el desenlace, por demás antitético y dramático, sino que permanece truncada. Pero lo que ella calla lo refieren todos llegada la ocasión. De hecho no molió el molino, víctima del castigo de Dios, ya fuese porque la corriente lo arrasara, ya por atravesarse una paja que hizo que la corriente se volviese atrás, hacia la fuente.

La leyenda en vivo: Villarroquel y el Río Torre.

Villarroquel, así como la zona implicada, ostenta la máxi­ma convicción al transmitir la leyenda, como también los más claros indicios mate­riales. El tenor de la letrilla es invariable, así como también el remate del fracaso del molino, que se refiere con variantes, a saber, el agua lo desbarató, la paja se lo llevó, la corriente retornó a la fuente. Pero no se contentan los hablantes de hoy con transmitir la leyenda sino que señalan ciertas marcas materiales, que sirven de algún apoyo, comenzando por el presunto canal. Este captaba el agua del río Torre, término de Santiago de las Villas, a unos 20 km. al norte de Villarroquel, y pasaba del Torre al Benllera y al mismo Luna, siem­pre a nivel por las laderas. Sólo del curso que sigue más adelante se deduce que el canal hubo de arrancar de la hoz caliza situada unos 4 kms. por encima de Santiago de las villas.

En la estrecha garganta, que sólo deja hoy paso a río y camino, zona de inten­so arrastre y transformación, se comprende que no se hayan conservado vestigios inequívocos. Pero anotamos los nombres de Salto Cimero y Salto Bajero (nada de "saltos" de la corriente) que acaso representen la única supervivencia. El canal sale de la hoz por ladera izquierda, suavemente cóncava -Las Lamas Cimeras- para enfilar Sierros Negros, primera barrera que se le atraviesa perpendi­cularmente cerrando el paso. Esta fue cortada para el canal de arriba abajo. Salvada la roca de Sierros Negros, continúa ladera en el mismo sentido, aunque ahora más pendiente y pedregosa -Las Lamas Bajeras- flanqueada por el sur, en la dirección del canal, por la Peña Marinieves, un obstáculo de mayor envergadura. Salvada la roca de Sierros Negros, continúa ladera en el mismo sentido, aunque ahora más pendiente y pedregosa -Las Lamas Bajeras- flanqueada por el sur, en la dirección del canal, por la Peña Marinieves, un obstáculo de mayor envergadura.

Se puede observar cómo, al llegar a la peña, el canal se ciñe al saliente de la misma, inciso en ella. Sólo cuando la montaña se atraviesa verticalmente se recurre al túnel que la taladra. Este sale a una ladera más corta y cóncava que las anterio­res, la última, por nombre La Secha, que descansa en el airoso pico denominado Peña del Castillo.

Villarroquel 8-2-1.821. EL CONZEJO ABIERTO DE VILLARROQUEL delega y requiere en Marcos García, Juan Álvarez, Tomás García y Vicente García para que estos en nombre de El Conzejo y Vecinos renueven las Ordenanzas Antiguas de este lugar.

Sepase como nos, el Conzejo y Vecinos de este lugar de Villarroquel, estando en nuestro Conzejo en el sitio acostumbrado llamados a repique de campana como lo tenemos de costumbre especial y señaladamente Vicente Román y Domingo Álvarez Vecinos y Regidores de este dicho lugar y Marcos García, Tomas García, Juan Albarez, Bicente García, Francisco Tapia, Jerónimo García, Gregorio Sánchez, Pablo García, todos vecinos y Moradores de este dicho lugar y confesamos ser la mayor y más sana parte de los vecinos que ay en este dicho lugar y por los ausentes e impedidos por no poder ser abidos prestamos firme y suficiente en forma de que estaran y pasaran por lo que nosotros en esta nuestra escritura se menciona que nos obligamos con nuestra persona y bienes y estando así

así juntos de un acuerdo y voluntad decimos que por cuanto por varias ordenes se nos manda revocar nuestras ordenanzas y para esto damos todo nuestro poder cumplido según de derecho se requiere a los dichos Marcos García, Juan Albarez, Tomás García y Bicente García para que estos en nombre de el Conzejo y vecinos hagan y renueven dichas ordenanzas añadiendo o quitando capítulos de las ordenanzas antiguas poniendo otros de nuevo aquellos que bien visto les fuese que nosotros desde luego les damos todo nuestro poder y amplitud que en derecho se requiere y es nezesario y nezesario siendo parecer en juicio lo hagan y las diligencias necesarias que todo lo que por ellos fuese hecho lo damos nosotros desde luego lo aprobamos por firme y no iremos contra ello ni reclamaremos solo dicha obligación y de pasar las costas y daños que en razón de ello y por así no lo cumplir se causaren y damos y otorgamos todo nuestro poder cumplido a la justicia de nuestro fuero jurisdicción de su majestad a quien nos sometemos para que así lo hagan cumplir como por sentencia definitiva de Juez competente pasada en cosa juzgada y lo otorgamos así todos ante el fiel de fechos y testigos en dicho lugar de Villarroquel a ocho días del mes de febrero de este año de mil ochocientos veintiuno siendo testigos Santiago García, Pablo Sánchez, Esteban Diez vecinos del lugar de Secarejo y lo firmaron junto con los que supieron dichos testigos junto con los otorgantes dicho día mes y año arriba dicho.

Asentado este poblado sobre un discreto cerro que otea la feraz vega del Órbigo, jugó ya en el siglo IX la brillante baza que le asigna la Crónica Albeldense. Su historia, vista en la documentación de San Isidoro, comienza en el año 1156 merced a un diploma del 3 de mayo por el que Menendo, abad de San Isidoro, por consejo del Emperador y de su her­mana Sancha, permuta con don Abril y su mujer María todas las heredades que el monas­terio tenía en Rabanal de Laciana, recibiendo de don Abril la mitad de la villa de Alcoba y sus términos, que éste poseía por donación del Emperador, según carta que don Abril entregó al abad Menendo ante el concejo de Alcoba2. La recíproca entrega se hizo a título hereditario y sin reserva alguna de derecho.

Precisamente en la misma fecha el Emperador con su mujer Rica, su hermana Sancha y sus hijos Sancho y Fernando, otorgaban desde Zamora a favor del monasterio isido­riano el refrendo y confirmación de aquel trueque haciendo constar que la mitad del lugar de Alcoba había sido dada anteriormente por el monarca a don Abril a título hereditario. Se limitan por ello a manifestar su complacencia y su alabanza, ratificando la permuta y sancionado las contravenciones con mil maravedíes áureos para el monasterio y otros tantos para el rey, así como las usuales imprecaciones religiosas3.

La verdadera reglamentación foral fue dada al lugar por Alfonso Rodríguez en el año 1216 un día sexto (no sabemos, por rotura, si de las calendas, nonas o idus de septiembre, noviembre o diciembre). Por este texto se otorgaba el lugar de Alcoba a sus pobladores, delimitando su contorno por Sardonedo, Revilla, Palacio del Rey (Palazuelo) y Vilella (hoy Velilla de la Reina).

Al propio tiempo un documento, obrante en el Archivo Histórico Nacional, de San Marcos de León5 y datado en la "era MCCL VIII et quoto VI idus novembris" nos da casi idéntica versión del fuero, que se dice otorgado a la villa de Alcoba por Martín, Maestre de Santiago, Díaz prior de San Marcos y Pedro Peláez, rector del Hospital de Orbigo. Se indica en el protocolo que la villa de Alcoba "est hereditas Hospitalis et iacet in rippa de Orvego inter Sardonedum et RibereHa et Palacium regis et Vilelam", identificándose así con la descrita en el documento isidoriano.

La semejanza de ambos textos no sólo afecta al contenido de las normas forales, que a veces se expresan con términos idénticos, sino también con la finalidad perseguida -"do et concedo ad populandum" (ASIL, núm. 378); '''damus et concedimus ad populandum"; "hanc cartam huius populatoris quam fieri iussimus" (AHN)- y acaso en la propia data. El texto isidoriano expresa:

"Facta carta sub era MCCL VI et quotum VI... embris, Regnante rege domino Adefonsi in Legione".

La carta de San Marcos indica:

"Facta carta sub era MCCL VIII et quoto VI idus novembris. Regname rege domino Adeffonso Legione. "

La adecuada comparación de ambos textos nos denota que el santiaguista se ha calca­do en gran parte sobre el isidoriano, al que añade algunos incisos, siempre para reafirmar de algún modo la posesión de la Orden santiaguista a través del Hospital. A veces altera el orden y disposición seguidos por el texto isidoriano.

Para su cotejo por el lector ofrecemos paralelamente en notas a pie de página los textos coincidentes, dando el primer lugar al texto de San Isidor06.

Los moradores de la villa habían de dar anualmente a Alfonso Rodríguez la quinta parte de todos los frutos del término, a saber: El quinto del pan de trigo, de centeno, de ce­bada, de millo y de legumbres, y la cuarta parte del vino, excepto en las nuevas planta­ciones de viñedo de las cuales ya tenía la mitad el aforante y la otra mitad los poblado­res.

Por enfurción cada uno de los pobladores había de dar dieciocho denarios por la fiesta de San Martín de noviembre, y otros tantos por la fiesta de Pascua cada año en. equivalen­cia del yantar.

Por cada uno de los molinos de Corviol habían de dar seis cuartas de pan de centeno, y de los demás molinos de Uezella un estopo de centeno.

Quien matase un cerdo debía dar un lomo, y todos estaban obligados a majar el pan del modo que acostumbraban, debiendo darles la comida según el uso.

Si el merino cogiese el pan, el vino u otros frutos del señor, había de dar cuenta de to­do, así como por razón del merinazgo como por otras causas.

Las ventas de heredad se regulan conforme al Fuero de León:

Quien quiera vender su heredad véndala al morador de la villa que haga los consabidos fueros.

Los clérigos de la villa, sin embargo, sirvan a la iglesia y posean la mitad de todas las décimas de pan y de vino, de lino y de legumbres; y yo o el señor de la villa recibamos la otra mitad y demos el foro de las iglesias a partes iguales.

Los clérigos reciban íntegramente las oblaciones y el mortuorio, y divídanlo entre sí co­mo hacen los clérigos de Vilella y que los pobladores de la villa cumplan estos fueros y no más.

En roboración de la carta Alfonso Rodríguez dice haber recibido obsequios a su satis­facción. Y tras la expresión de la data y las menciones del regnante y del obispo de As­torga, consigna:

"Añado además que vosotros pobladores de Alcoba debéis entregar a mi ce/lero en la vil/a el pan que me diereis en quia".

El Becerro isidoriano contiene breves noticias sobre el importe económico foral. Expresa que son 22 foreros y que cada uno paga ocho dineros por San Martín y otros ocho a la Pascua, un quinto del pan, un cuarto del vino y un lomo por cada cerdo que ma­ten. El merino paga por quitación un maravedí.

Por su parte la Colección de la Real Academia de la Historia reseña este texto del si­guiente modo:

"Alcoba, lugar de la provincia y partido judicial de León. Carta de población otorgada por Don Martín, maestre de la Orden de Santiago y el prior Rodrigo Díaz, en que se establecen los tributos y prestaciones que debían pagar a la or­den sus vecinos. Su fecha a 8 de noviembre de 1219. Existe en esta Academia copia antigua en pergamino, entre los documentos procedentes del convento de San Marcos de León".

Obsérvese la diferencia existente en cuanto al año entre la reseña dada en CRAH y la que consta en el documento publicado por Lacarra y Vázquez de Parga.

De LOS FUEROS DEL REINO DE LEÓN (Justiniano Rodríguez).

El Pendón Leonés, es en la actualidad poco más que un instrumento folklórico, que sirve para identificar a cada pueblo en las grandes romerías. Pero no siempre fue así, su origen está en la Edad Media en que nuestro país mantuvo un larguísimo proceso político hasta unificar la península Ibérica en sólo dos naciones. En este periodo de la historia se pusieron las bases de muchas de nuestras leyes y costumbres, el Reino de León aportó algunas prácticas democráticas como los Fueros, las Cortes, los Concejos y, en la heráldica los Reyes Leoneses introducen un signo: el león (animal que representa la fuerza de un Rey) y un color distintivo: el púrpura o carmesí, (color del imperio romano que adoptó Alfonso VII el Emperador) y que hoy llevan casi todos los pendones leoneses.

Las guerras medievales no contaban con ejércitos organizados, sino que el Rey, los nobles y eclesiásticos o los concejos formaban “mesnadas” o tropas que servían temporalmente. Tampoco existían uniformes, por lo que era muy difícil distinguir a los aliados de los enemigos. Para resolver esto se dio una gran importancia a las banderas, cuyos colores y escudos heráldicos distinguían a unos de otros. Los actuales pendones parecen descendientes directos de aquellos que llevaban los soldados de cada pueblo en las frecuentes luchas medievales de las guerras de la Reconquista, incluso la forma que hoy tienen es la misma que tenían aquellos.

A partir del siglo XV y, debido a la existencia de entidades religioso-militares (Ordenes Militares y Cofradías de Caballeros) que usaban pendones militares en sus procesiones, estos elementos militares (los pendones) se empiezan a mezclar con los religiosos (procesiones). Además, en los pueblos se celebraban procesiones cuya organización y coste correspondía a los Concejos (actuales Juntas Vecinales) o a las Cofradías, a las que asistían los Pendones: bendición de los campos, Corpus Christi, votos de Villa por sequías, enfermedades y pestes, etc., rogativas y anovenarias por acontecimientos o implorando lluvia, romerías, fiestas patronales.

La religión cristiana en su extensión por el mundo ha aceptado algunos elementos “paganos”, como es el caso de estos estandartes que se cristianizan con la colocación de una cruz en el remate de las astas; aunque no se consiguió colocar a los Pendones Leoneses detrás de las cruces parroquiales en las procesiones o evitar poner flores y hojas verdes en la cima del pendón.

Los colores más usuales son: el carmesí, color del Reino de León, el verde, que aparece mezclado con el carmesí en la mitad de los pendones que hoy se conservan y cuyo origen quizá pueda relacionarse con la Reconquista (el verde es el color del Islam); bandas de color verde que se agregan al pendón como premio por las batallas ganadas a los musulmanes. Los colores blanco, azul y morado son escasos. El asta, varal o vara suele ser de entre 6 y 9 metros de altura.

En la actualidad, los Pendones Leoneses son insignias propias de los Concejos, pero muy ligados con las parroquias, (en ocasiones se relacionan en los inventarios de estas) y sólo salen a la calle con motivo de representación en procesiones religiosas o en manifestaciones folklóricas, habiéndose perdido el sentido civil y militar de los mismos.

De “Los Pendones Leoneses, pasado y presente” (Alejandro Valderas).

Los pendones de las localidades del municipio

Todas las localidades del Municipio contaban, hasta no hace mucho, con Pendones propios, alguna de ellas con más de uno. Hoy sólo quedan tres pendones en uso: el de Alcoba, el de Velilla y el Villarroquel y otros dos más que se encuentran en proceso de restauración: el de Cimanes y el pendón de difuntos de Velilla.

Alcoba de la Ribera: paño de damasco de colores carmesí y verde y asta o vara de unos 5 metros de altura. Se conserva en bastante buen estado.

Azadón: paño de color carmesí, el asta medía unos 5 metros de altura. Actualmente no se conserva nada.

Cimanes del Tejar: paño de damasco de colores granate, verde y carmesí. Se conserva el asta, de unos 8 metros de altura y restos de los paños. Se encuentra en proceso de restauración.

Secarejo: paño de colores verde y carmesí, asta de unos 6 metros de altura. No se conserva nada.

Velilla de la Reina: tenía tres pendones, el más grande de paño de damasco carmesí y verde y el asta de unos 9 metros de altura que fue restaurado en 1995, es el que se usa en la actualidad. Otro pendón con varal de 7 metros de altura y paño de damasco granate y verde que podía proceder a Villavelid, un pueblo próximo hoy desaparecido; de este pendón se conserva la vara y restos de paños. También existe un pendón de difuntos con vara de 4 metros y paño de merino negro en no muy buen estado que se encuentra en proceso de restauración.

Villarroquel: paño de color verde y vara de unos 5 metros de altura, fue restaurado recientemente.

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